viernes, 12 de julio de 2013

Son como hermanos


Por Osmar Coello. Estudiante de Taller de Redacción y Estilo. Universidad Católica Cecilio Acosta.

Carlos y Diego eran contemporáneos. Dos meses era la diferencia de edad. Aunque en realidad eran primos, desde que vinieron al mundo crecieron juntos como hermanos. La misma escuela les daba cobijo a sus saberes y la misma guardería los recibía en las tardes, pues sus padres trabajaban intensamente que no tenían tiempo para estar con ellos si no en las frías noches corianas.

Cercanos a los cinco años de edad, circunstancias de la vida los llevaron a separarse y hoy van a escuelas y guarderías diferentes, dejando para sus encuentros uno que otro fin de semana y una que otra noche que sus padres se visitan mutuamente, ante el reclamo de los chiquillos que exigen verse más a menudo.

Sus conversaciones coinciden con sus edades. Los superhéroes de televisión de moda, los juguetes favoritos y las actividades mutuas que cada uno desarrolla en su día a día.

-¿Viste los Transformers en Discovery Kids? Le pregunta Carlos a Diego con tono de emoción.
-Sí, siguen siendo mis favoritos, los cuatro me encantan, aunque no siempre puedo verlos porque mi mamá no me deja ver mucho tiempo la televisión. Responde Diego, al principio emocionado y luego con tono de tristeza.

Ambos iniciaron una extensa conversación sobre esta serie infantil de televisión y luego dieron rienda suelta a sus explicaciones sobre las técnicas de natación, que practica Diego y de futbol, que juega Carlos cada tarde.

-Ya le perdí el miedo a piscina y puedo nadar de un lado a otro, aseguró Diego lleno de emoción, pues sus peores momentos eran aquellos en los que tenía que soltarse del borde de la piscina para llegar al otro extremo.

-Yo prefiero mi balón de futbol, dijo Carlos, quien explico a Diego cada una de las posiciones que le ha tocado jugar día a día.

Así llega la noche, entre recuerdos, anécdotas y experiencias contadas. Sus padres mientras tanto prometen organizar encuentro más frecuentes para que puedan compartir más tiempo juntos aquellos primos que a pesar de la distancia, se quieren como hermanos.


viernes, 28 de junio de 2013

Siempre nos quedará París





Susana Ferrer
Segundo Semestre- Comunicación Social, Universidad Católica Cecilio Acosta

Camila se despertaba todas las mañanas a eso de las seis y treinta, despacio se desperezaba en su quietud. Pronto entraba Lourdes, siempre retrasada, saludando con desánimo «Buenos días», decía para luego abrir los ventanales que dejaban entrar la luz del incipiente sol. Lourdes era una señora regordeta, de tez morena y gestos toscos, enfermera de oficio mas no de profesión, pues un embarazo furtivo se había atravesado en sus planes.

Aunque casi inerte, era hermosa, o eso le decía su madre, tenía el cabello castaño y los ojos grandes, nunca se había enamorado y nunca había sido tocada por nadie de una manera inapropiada, sólo por Lourdes, quien toscamente tropezaba con su pubis disculpándose en balbuceante “lo siento”.

Tenía dos hermanas que habían corrido con una mejor suerte que ella, Sofía, la mayor de unos 30 años, ya estaba casada y estaba viviendo una vida de ensueño, con la casa, el marido rico, dos hermosos hijos y un perro; su rutina atareada (y lo deprimente de la situación) la hacía la más alejada de la casa familiar. Llegaba de visita el segundo domingo de cada mes, sola, no quería impregnar a sus hijos de semejante desdicha, lanzaba una mirada lastimera a Camila y luego besaba su frente con cariño, ella lo detestaba, se sentía una atracción de circo, luego le contaba de sus viajes o de lo bien que le iba a los niños en el colegio: «Martín tiene las mejores notas del salón, es sumamente inteligente, eso lo sacó de este lado de la familia», luego hacía un guiño condescendiente y seguía hablando, pero Camila no la escuchaba, simplemente sonreía hipócritamente mientras en su mente se generaba una revolución de sentimientos,  de envidia sobre todo.

Rebeca, la menor, era callada, aún vivía en la casa familiar y era una especie de mito, sólo se le veía levitando por ahí, pues sus pasos eran tan sigilosos que nadie notaba su existencia, en ciertas ocasiones entraba en la habitación de Camila, se quedaba mirándola fijamente hasta que ella notaba su presencia, esperaba que se levantara de la cama, aunque sabía que eran esperanzas ilusorias, luego se acercaba a ella y se acurrucaba en su regazo, imaginando sus manos trenzando su cabello, el olor a jazmín de los jardines, los juegos, las canciones y rompía en sollozos.
-Yo soy la que debería estar allí, tú te ofreciste sólo porque papá estaba molesto, sólo por protegerme, decía Rebeca con una voz que poco se dejaba oír.

-No debes culparte por lo que pasó, simplemente me tocaba a mí- trataba de consolarla aunque en el fondo tenía ciertos vestigios de rencor.

Abrió los ojos de nuevo, eran las seis y treita y tres 6:33, la puerta se abrió y entró una cara nueva, ¡Qué sorpresa!, era un hombre, habían pasado años desde que no veía un espécimen de esos, musculoso, despierto, sonriente.

-Buenos días, señorita. Lourdes tomó un mes de vacaciones y yo estoy aquí para reemplazarla, me llamo Julián- terminó la frase con un guiño, Camila estaba estupefacta.

-Buenos días- respondió de manera acelerada, casi hiperventilando.

-¿Te pasa algo?

-No, nada, es sólo que no me acostumbro a caras nuevas- replicó tratando de calmarse.

Empezó con la rutina de ejercicios, sus manos fuertes pero delicadas la estremecían, no podía evitar sentir corriente cuando rozaban su piel. Él lo notó y para cortar la tensión comenzó a hablarle, le contó sobre la universidad, le dijo que había estudiado enfermería, también que amaba los animales, «Tengo 2 perros que adopté, son mucho más fieles que cualquiera de “marca”», ambos rieron.
Camila empezó a despertar cada vez más temprano, estaba ansiosa, ver a Julián era su parte favorita del día, él se quedaba más de la cuenta siempre, hablaban de libros y él cada vez de manera más frecuente le leía algún párrafo de su lectura actual o el DVD de la película que había visto la noche anterior… Ella no recordaba la última vez que se había sentido feliz.

Ella le contó sobre cómo había quedado en su estado, él se acercó y de manera poco profesional, la abrazó -besando su frente- para consolarla. Nunca había sentido nada así por nadie, si eso era amor, se sentía espléndidamente.

Ese amor duró menos que cualquier otro en la vida de Camila, él prometió regresar a visitarla, pero nunca lo hizo, antes de irse le dejó Casablanca que bien dice «Siempre nos quedará París».


lunes, 10 de diciembre de 2012

Mensaje del padre Acacio sobre su misión pastoral

Belandria, siempre estarás en el corazón de tu pueblo.

"Muchas veces me han preguntado por qué me decidí por ser sacerdote. Mi respuesta siempre ha sido y sigue siendo la misma: mejor es que me pregunten por qué me he mantenido firme en este camino. Tres amores profundos y apasionados son la fuente de mi fortaleza y de mi firmeza en este caminar. Si queréis llámenlos, y los llamo así, mis tres credos:

 + Creo y amo a Jesucristo apasionadamente.
+ Creo y amo fuertemente al mundo de los pobres.
+ Creo y amo a mi Iglesia Latino Americana.

Estos son mis tres credos y mis tres amores que me han mantenido atado fuertemente a este maravilloso servicio que se llama sacerdocio.

¿Escogí yo esta manera de vivir? ¿O la decidí y la planifiqué por mi propia cuenta? ¡No! Simplemente un día, tendría y doce años, después de unos contactos recibí una cartica donde se me decía que podía ir a Mérida, al colegio de los padres jesuitas si quería ser jesuita. Y me fui. Mirando hacia atrás y leyendo hoy la invitación a San Mateo, me veo reflejado en ese personaje. Jesus va pasando, ve a Mateo, lo invita y el hombre se va con él. Yo también me fui. Y aquí estoy celebrando con ustedes la respuesta que yo di a Jesucristo en aquel entonces. En el camino y ya metido de lleno en el noviciado y en todo lo que vino después, empecé a conocer a Jesucristo a la manera de San Ignacio: Conocimiento interno de la persona de Jesús para que más lo ame y mejor lo siga.

Acercándome al conocimiento interno de la persona de Jesús, lo fui queriendo y tratando de vivir toda esa manera tan libre y liberadora que él tenía. Libre ante los poderes, ante el dinero y la muerte, libre ante los enemigos, las leyes y las normas humanas, libre ante las tradiciones absurdas ante las autoridades religiosas dominantes y cerradas de mente. Y me fui enamorando de ese Jesucristo atrevido, escandalizador, defensor acérrimo del débil, amigo personal del marginado, dando siempre la cara por la mujer excluida y pisoteada. Me fui apasionando de ese Cristo que desenmascaraba a toda hora la religión hipócrita, opresora, excluyente y sin ninguna valoración de la persona. Me fui apegando más y más a ese Cristo todo misericordia, perdón y amor hasta el extremo.

Ese Cristo histórico fue marcando mi vida de tal manera que jamás en ese caminar he dudado lo más mínimo de si éste era mi lugar o no. Siempre he estado convencido enteramente de que éste era mi camino, mi vida, la razón de mi existencia.

Por eso puedo decir a todo pulmón, sin que me quede nada por dentro, que creo en Jesucristo como mi Señor, mi Salvador y mi compañero de camino. Creo en Jesucristo liberador, todo misericordia, todo amor, todo entrega total. Creo en ese Jesucristo que ha marcado mi vida profundamente y que me llamó para que le sirviera a su causa en la persona de los hermanos pobres.

Mi segundo y profundo amor, o mi segundo ferviente credo, es el mundo de los pobres. En este mundo nació, vivió y murió Jesucristo. Ahí montó su cátedra y desde ella habló a toda la humanidad.

Sus amigos, sus discípulos, sus familiares, todo su entorno social eran los pobres, los enfermos, los extranjeros, los niños, las mujeres. Los primeros pilares de su iglesia eran pescadores que tenían que remendar sus redes, pasar noches enteras en alta mar sin pescar nada y, más de una vez, cuidando de que nadie los viera sustraer granos de trigo en los campos para matar el hambre.

Ahora bien, si Jesucristo caminó en este mundo de los pobres, y afirmó categóricamente que Él vivía en el pobre, en el enfermo, en el excluido, a mí como discípulo suyo no me quedaba otra que entrar de lleno en ese mundo tratar de descubrirlo en él actuando en ellos y con ellos.

Pero a esto se añade que yo no he tenido que hacer mucho esfuerzo para entrar e el mundo de los pobres, porque nací y me crié en él. Mi familia nació y se crió en la Venezuela de los años 30 y 40. Era la Venezuela rural. En aquel entonces vivíamos muy pobremente, sólo que, a diferencia de la pobreza de hoy, nuestra pobreza era serena, sin angustia. Porque no es lo mismo ser pobre e un mundo de escasez, que vivir pobremente en un mundo de mucha abundancia como la que tenemos hoy.

Pero ¿qué es lo que más me ha tocado mi sensibilidad de pastor? Los sufrimientos de toda índole las angustias, la marginación, la explotación, la inseguridad, el silencio obligado, la impotencia, y el desprecio que padecen los pobres sometidos a vivir en esta sociedad. Una sociedad donde el dinero lo es todo y la persona un mero objeto. Una sociedad toda mentira, viveza, hipocresía, dominación, poder, apariencia, etc. etc. El hombre y la mujer pobre tienen que sobrevivir en medio de toda esa inmundicia. ¡Y sobreviven!
Por eso creo en el pobre, en sus potencialidades, en sus esperanzas y en su espíritu de lucha.
 
Creo en la fe ciega que tiene en el Todopoderoso.
Creo en la furia con que se defiende cuando ve que su dignidad es irrespetada.
Creo en la firmeza, mezcla de amor y ternura, con que protege y defiende a sus niños cuando los ve en peligro.
 
Creo firmemente que Jesucristo el Señor está con ellos cuando emprenden huelgas de hambre, cierre de autopistas, toma de locales, retienen rehenes, organizan marchas, bloquean carreteas, todo ello con la finalidad de hacer valer sus derechos.
 
Creo que ahí está Jesucristo animándolos, iluminando, comunicándoles la fuerza de su Espíritu.

Por último quiero compartir con ustedes mi credo y el amor que siento por nuestra Iglesia Latino Americana. Mi primer encuentro vivencial con esta Iglesia comprometida y viviendo el evangelio con los más pobres de nuestro continente se dio en una visita de cuatro meses que hice por varios países. Para aquel momento yo estaba recién ordenado sacerdote. El objeto de mi vista no era pasear para conocer lugares turísticos, sino para ponerme en contacto con los distintos agentes de pastoral que estaban trabajando haciendo vida en las barriadas más pobres de las grandes ciudades. El compromiso, el modo de vida y la dura lucha que vivían estos agentes pastorales era de tal calibre que definitivamente marcaron mi vida sacerdotal y el modo de hacer pastoral pisando tierra.

Años más tarde tuve el privilegio de tratar a dos grandes figuras del episcopado latinoamericano: Mons. Proaño de El Ecuador y el obispo Pedro Casaldáliga. Estos obispos han sobresalido por su profetismo y su modo tan peculiar de orientar la pastoral en sus respectivas diócesis. Pastoral que ha trascendido las fronteras, Pero el obispo latinoamericano que más me ha influido en mi compromiso sacerdotal ha sido Mons. Romero. No tuve la dicha de conocerlo personalmente pero me acerqué a él a través de sus escritos y de algunos sacerdotes que trabajaron con él y estuvieron muy cerca de su corazón. Romero ha sido mi luz, mi fuerza, mi inspiración. Su íntima unión con Dios, su valentía para denunciar todas las atrocidades cometidas contra los campesinos de su país, y su espíritu evangélicamente libre frente a la institución eclesiástica han sido virtudes que han iluminado el camino de nuestra Iglesia en los últimos tiempos.

Para mí el sentirme miembro de esta Iglesia con todas estas riquezas que he ido descubriendo, me ha llenado de mucha alegría y de frescura. Me ha ayudado a hacerme libre evangélicamente y a seguir avanzando audazmente en este camino de mi sacerdocio. Por eso tengo que decir con toda verdad:

Creo en esta Iglesia que dejándose llevar por el Espíritu supo plasmar en los documentos las nuevas experiencias e instituciones que las pequeñas comunidades vivieron en su práctica del evangelio. El Papa Juan XXIIII habló de la Iglesia de los pobres. Esto ha sido nuestra Iglesia Latino Americana, la Iglesia de los pobres respondiendo siempre y tomándole el pulso a las aspiraciones, los sueños y clamores del pueblo pobre.

Bueno amigos, amigas, hermanos, hermanas Todo esto que les he expresado es la razón de mi sacerdocio. Ahora se podrán dar cuenta de por qué he llegado a estos 50 años feliz, realizado y profundamente agradecido a Dios por haber contado conmigo a pesar de mis deficiencias y mis limitaciones. Gracias a todos ustedes los que han hecho camino conmigo me han brindado su compañía fraternal. Gracias".
Fuente: Centro Gumilla

lunes, 19 de noviembre de 2012

Notículas del Español

Tito Balza Santaella
 
Los sustantivos terminados en -á acentuada son masculinos: las notas musicales fa y la, y además agá, bajá, faralá, maná, papá. Mamá es femenino por su significado; mientras que los sustantivos terminados en -e son en su mayor parte masculinos: adarve, baile, aire, fraile, peine, declive, cable, enlace, azabache, poste, almacenaje, traje, gaje, viaje, etc.; pero con muchas excepciones.    Son femeninos los nombres de las figuras retóricas: apócope, sinécdoque, paragoge, hipérbole, etc;  los nombres de las líneas matemáticas: elipse, cicloide, envolvente, secante, tangente; los de sustantivos esdrújulos en –ide, de origen griego: cariátide, pirámide, clámide; los terminados en el diptongo –ie átono: calvicie, efigie, especie, molicie, intemperie, progenie, serie, superficie.
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Preposición es para la Academia “la parte invariable de la oración, cuyo oficio es denotar el régimen o relación que entre sí  tienen dos palabras o términos. También se usa como prefijo”. La preposición no puede acreditarse la antigüedad de las demás voces. El indoeuropeo no tenía preposiciones y ellas eran muy escasas en el griego y en el latín. En el español tienen vida y razón de ser, entre otras razones, por ser la suplantación de las desinencias de la declinación grecolatina. No tienen, pues, significado, sino que aportan apuntaciones y matices significativos
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He aquí once gentilicios que suelen resultar no fácilmente reconocibles para el común de los hablantes: kirguís, de Kirguistán; lisboeta, de Lisboa; malgache, de Madagascar; madrileño o matritense, de Madrid; monegasco, de Mónaco; neerlandés, de Países Bajos; santalucense, de Santa Lucía; Saudí, de Arabia Saudita; suazí, de Suazilandia; tokiota, de Tokio; trinitense, de Trinidad y Tobago.
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La Ortografía de la lengua española registra 56 voces de empleo actual más o menos frecuente, que presentan variantes gráficas admitidas con s, z, o c (ante e, i), indicando en primer lugar la forma más usada hoy. De esa lista, transcribimos tres: cazabe/casabe (‘torta hecha con harina de mandioca o yuca, típica de algunas zonas de América’); cascorvo-va/cazcorvo-va (en México, Centroamérica y el Caribe, patizambo); cebiche o ceviche/sebiche o seviche (plato hecho con pescado o marisco crudo en adobo, típico de varios países americanos).
 
titobalzas@yahoo.es     http://twitter.com/ tbalzasantaella