jueves, 1 de julio de 2010

La alfabetización emocional


Por Antonio Pérez Esclarín

Si bien hoy se insiste mucho en la necesidad de una buena alfabetización tecnológica, es todavía más urgente y necesaria la alfabetización emocional, la educación de la afectividad, pues cada vez más personas, sin importar los títulos, profesiones o riquezas que tengan, son unos analfabetas en cuestiones del amor, incapaces de manejar sus emociones y sentimientos y de comprender las emociones de los demás, incapaces de salir de su egoísmo para abrirse a los demás.

A partir de las investigaciones de Howard Gadner sobre los múltiples tipos de inteligencia, Daniel Goleman centró su estudio en la inteligencia emocional, que describe como la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de motivarnos y manejar bien las emociones, en nosotros mismos y en nuestras relaciones. Goleman empezó preguntándose por qué personas muy inteligentes no triunfan en la vida, y en cambio otras, con muchísimo menos coeficiente intelectual, llevan una existencia feliz y muy exitosa. De sus investigaciones, Goleman concluyó que las cinco aptitudes emocionales necesarias para una afectividad madura, una convivencia pacífica y una vida feliz, son el autoconocimiento, la autorregulación de las emociones, la motivación, la empatía y las habilidades sociales, tema que desarrolla con amplitud en su afamado bestseller, “Inteligencia emocional”.

En el libro, Goleman describe con brochazos vivos la creciente deshumanización de nuestras sociedades carcomidas por la violencia, la inseguridad, la depresión y la soledad:
“En la última década hemos asistido a un bombardeo constante de este tipo de noticias que constituye el fiel reflejo de nuestro grado de torpeza emocional, de nuestra desesperación y de la insensatez de nuestra familia, de nuestra comunidad y, en suma, de toda nuestra sociedad.

Estos años constituyen la apretada crónica de la rabia y la desesperación galopantes que bullen en la callada soledad de unos niños cuya madre trabajadora los deja con la televisión como única niñera, en el sufrimiento de los niños abandonados, descuidados o que han sido víctimas de abusos físicos o incluso sexuales. Este malestar emocional también es el causante del alarmante incremento de la depresión en todo el mundo y de las secuelas que deja tras de sí la inquietante oleada de la violencia: escolares armados, accidentes automovilísticos que terminan a tiros, parados resentidos que masacran a sus antiguos compañeros de trabajo, etcétera. Abuso emocional, heridas de bala y estrés postraumático son expresiones que han llegado a formar parte del léxico familiar de la última década”.

Para superar esta triste situación Goleman plantea “la urgente necesidad de aprender a dominar nuestras emociones, a dirimir pacíficamente nuestras disputas y a establecer, en suma, mejores relaciones con nuestros semejantes. Durante mucho tiempo, los educadores han estado preocupados por las deficientes calificaciones de los escolares en matemáticas y lenguaje, pero ahora están comenzando a darse cuenta de que existe una carencia mucho más apremiante: el analfabetismo emocional.

No obstante, aunque siguen haciéndose notables esfuerzos para mejorar el rendimiento académico de los estudiantes, no parecen hacerse grandes cosas para solventar esta nueva y alarmante deficiencia. En palabras de un profesor, ‘parece que nos interesara mucho más su rendimiento escolar en lectura y escritura que si seguirán con vida la próxima semana’…

Si existe una solución, ésta debe pasar necesariamente por la forma en que preparamos a nuestros jóvenes para la vida. En la actualidad dejamos al azar la educación emocional de nuestros hijos con consecuencias más que desastrosas. Como ya he dicho, una posible solución consistiría en forjar una nueva visión acerca del papel que deben desempeñar las escuelas en la educación integral del estudiante, reconciliando en las aulas la mente y el corazón…Quisiera imaginar que, algún día, la educación incluirá en su programa de estudios la enseñanza de habilidades tan esencialmente humanas como el autoconocimiento, el autocontrol, la empatía y el arte de escuchar, resolver conflictos y colaborar con los demás”.

Algo semejante piensa Maturana cuando plantea que necesitamos evolucionar de la educación centrada en el conocimiento a la educación centrada en la formación para la convivencia productiva y democrática.
Profesor / Filósofo

viernes, 25 de junio de 2010

La puerta queda abierta: Una mirada a la obra ensayística de Miguel Gomes

Por Ángel Alberto Morillo

Las puertas se abren, Miguel Gomes, anfitrión de la velada, nos lleva de la mano para esculcar hasta los huesos las perspectivas y aspectos teóricos del ensayo en Venezuela del siglo XX. De entrada, encontramos posiciones disímiles con respecto a una definición taxativa de ensayo, para ello se vale de la opinión de autores diversos, sólo con el fin de plantear lo que él mismo ha denominado como “el laberinto de las definiciones”.

Para Gomes “una y otra vez la crítica se ha embarcado en empresas definitorias. Y cuantas más definiciones surgen, más tipos de ensayos existen y el panorama se oscurece” (Pág. 13). Sin duda, ante los planteamientos del autor, una madeja de ideas atiborra el entendimiento a guisa de reto donde el lector debe imbuirse para desentrañar el verdadero sentido del vocablo ensayo.

Pero antes de adentrarnos en el corazón de la temática planteada, es bueno echar un vistazo al trabajo y vida de Gomes, quien con su libro titulado “Poéticas del ensayo venezolano del siglo XX” logra hacer un análisis desde diversos puntos de vista relacionados con el ensayo venezolano, el cual ha sido relegado por diversas corrientes de estudio científico pasando a ser prácticamente una subcategoría de la literatura de nuestro país.

En primer lugar, para comenzar a comprender a este autor, es imprescindible saber un poco de su vida. Descendiente de portugueses, de ahí su peculiar Gomes con s y sin tilde, nació en Caracas en 1964. Sin embargo, vive desde 1989 en Estados Unidos, donde se desempeña como profesor universitario y además publica sus trabajos: Visión memorable (1987), La cueva de Altamira (1992), De fantasmas y destierros (2003) y Un fantasma portugués (2004).

La vida literaria de Gomes se ha centrado en el cuento, sin embargo, su trayectoria como investigador y docente en “The University of Connecticut-Storrs” lo ha llevado a cultivar una prolífica producción científica de libros, artículos, recensiones y ensayos. Especialmente este último es el tema central de su libro, publicado entre la Universidad Católica Cecilio Acosta y la Universidad del Zulia, y dicho sea de paso como una segunda edición, así lo asevera el propio autor: “Ha sido posible por la confianza que en mis trabajos ha depositado Miguel Ángel Campos, a quien admiro por partida doble, como ensayista e investigador. Quiero manifestar mi agradecimiento por todo su apoyo y, no menos, por la enorme deuda intelectual que desde hace años tengo con él”.

Miguel Ángel Campos, profesor e investigador de la Universidad del Zulia, así como también miembro del comité editor de la Revista de Ciencias y Humanidades de la Universidad Católica Cecilio Acosta, fue, por decirlo así, promotor de esta segunda edición en la que el autor hace un análisis exhaustivo de las diversas corrientes del ensayo en Latinoamérica y en Europa para poder definir, describir y caracterizar todo lo concerniente al ensayo venezolano del siglo XX.

En la primera parte, Gomes señala reiterativamente que la paternidad del género ensayo es del francés Miguel de Montaigne, quien con su obra Essais (Ensayo) logró un momento de sermón, es decir, “de un discurso univocalizador, monologizante, que descansa en una palabra autorizada por lo divino” (Pág. 35). La vida de Montaigne estuvo marcada por la lucha de católicos y protestantes; no era para menos, como alcalde tuvo que presenciar todo esto para cultivar su espíritu crítico y reflexivo, sin embargo, “no será su posición como alcalde, sino en su desempeño como escritor” (Pág.35) lo que lo llevaría a la creación de magistral essais. Es preciso señalar que a lo largo del libro la figura de este intelectual francés sirve de referencia insoslayable, debido a su influencia en los escritores del género ensayo.

Haciendo luego un recorrido por América del Sur, el autor tomó como referentes a José Enrique Rodó y al nobel Octavio Paz. De este último afirma: “Quizá uno de los volúmenes ensayísticos de este autor sirva para comprender con más exactitud los problemas de la subjetividad del ensayo y sus relaciones con las convergencias genéricas (Pág 28)”.

Con respecto a Rodó, Gomes lo define como modelo de ensayista ficticio, pues “lo exige estrictamente el imperativo ideológico de despragmatizar (Pág. 31)”. Con ello logra concatenar otro plano teórico del ensayo al aseverar que “se autodefine como espacio artístico a través de ese rodeo (Pág. 31)”. La alusión de rodeo se debe a los primeros esbozos hechos por Rodó al principio de su obra “Ariel” con la figura del personaje Próspero, quien para Gomes “es una forma de manifestación de la voz ensayística”(Pág.30).

En este viaje intergaláctico, por nominarlo de una manera, otra puerta se abre nuevamente, es la puerta grande, la venezolana, y de ella salen Andrés Bello, Simón Rodríguez, Rafael María Baralt, Cecilio Acosta, Fermín Toro, Juan Vicente González, Mariano Picón Salas y Manuel Díaz Rodríguez, estos dos últimos reseñados a fuego lento, saboreando cada uno de los parajes de sus obras ensayísticas.

A tales efectos, en la presentación del libro, su prologuista, Miguel Ángel Campos explica: “No es casual, pues, que ese Díaz Rodríguez de Camino de perfección aparezca con frecuencia en esta páginas: es nuestro primer decidido valorador de las tensiones genéticas del discurso expositivo, teoría del arte en su defensa del pensamiento simbólico”.

En la primera parte, Gomes hace una reseña bastante completa del origen del ensayo, pasando luego por la genología hasta llegar a un parangón del ensayo hispánico y el ensayo venezolano. Es preciso señalar que el término genología y su derivado genológico no aparecen registrados en el diccionario en línea de la Real Academia Española, por lo que se infiere que pertenece a la jerga literaria, sin embargo, al analizar la partícula geno del latín genus (En www.rae.es), encontramos que su acepción es linaje, de allí que este capítulo del libro haga alusión a la evolución del ensayo en sus distintas etapas.

El libro describe al dedillo las corrientes literarias que influenciaron el ensayo venezolano en el siglo XX, entre las que tenemos: modernismo, mundonovismo y posmundonovismo, en cada uno de los capítulos se aluden a sus aportes y críticas haciendo espacialmente énfasis en las obras de Díaz Rodríguez y Picón Salas.

Otros autores que son muy nombrados y que resonaron mucho a finales de este siglo son Guillermo Meneses, Pedro Emilio Coll y Arturo Uslar Pietri. A todos los describe en esa lucha del posmundonovismo, término que él mismo aclara no quisiera denominar contemporáneo pues “sería imposible y de poca seriedad crítica pretender definir la contemporaneidad exhaustivamente. La única certidumbre respecto de ella es su negación de criterios estéticos y éticos precedentes (Pág. 155)”.

La visión de los autores en esta etapa del ensayo es muy diversa, hay entre quienes apuestan por el pesimismo existencialista, otros versan más sobre el positivismo literario, finalmente, hay un grupo que a cabo y rabo se confiesa humanista, al respecto, el mismísimo Gomes grita a los cuatro vientos: “El artista, el escritor, ofrecen con sus obras instrumentos adecuados para entender el mundo, no científica ni filosófica, sino humanamente. El hombre de arte es un hombre y desde esa perspectiva y gracias a ella entiende y asimila su entorno”.(Pág. 157)

A lo largo del texto encontramos terminologías difíciles de entender para un lector poco versado en materia, por lo cual, no sé si debilidad, no sé si fortaleza, será de fácil lectura a una persona documentada en temas lingüísticos y literarios, de hecho palabras como écfrasis, anadiplosis, idelogema, crinotópicas, hipotaxis, entre muchas otras, retumbarían en oídos poco instruidos.

Finalmente traigo a colación a Rosa Montero, escritora española, experta en literatura femenina, quien en su libro La Loca de la casa, reinvindica el papel de la mujer en la literatura, pues como dato curioso, a lo largo del libro de Gomes, inclusive en la misma internet por no culpar de todo al autor, no se nombra el aporte femenino al género ensayo, sería interesante averiguarlo ¿no? Sin embargo, esto no resta calidad al texto presentado por Gomes que, sin duda, representa un valioso aporte al ingente vacío teórico habido en nuestro país con respecto al tema. …La puerta entonces queda abierta…

lunes, 14 de junio de 2010

La vaca de las cruces

Supercastellania recibe con un fuerte abrazo al escritor zuliano José Arturo Miranda, zuliano de crianza y andino de nacimiento. Su vida cultural e intelectual la ha desarrollado en las comunidades más pobres del oeste de Maracaibo. Sus fuertes son el cuento y la poesía. El color local, la dulzura, la nostalgia y la magia de las palabras se combinan con su aguda inteligencia para dejar al lector embuido en sus narraciones. A partir de hoy, J. Arturo Miranda pasa a formar parte de este terreno invadido de ideas y palabras.
Es tan fea la vaca de las cruces que Bernardo cruces su dueño, la lleva siempre aperada y del cabestro, pues los niños del pueblo no pierden oportunidad para darle de pedradas.  No es la fealdad  del animal, lo que a la postre desencadeno la tragedia, sino, los comentarios de los aldeanos y los pueblerinos, quienes al son de la música de cuerdas, propagaron comentarios etílicos y en la arrepentidas resacas lo susurraron en la privacidad de sus aposentos. Desde entonces Bernardo de las cruces tuvo un comportamiento extraño y cuestionable. Amanso su vaca como a bestia de trabajo y la enseño a marchar al son de la música campesina. Un buen día contrato a un llanero que estaba de paso, y este le compuso una tonada de vaquería...Bonita, bonita, bonita, ya da la leche blanquita...

Una mañana su mujer Dolores de las cruces le reclamó.
-          Esa vaca feísima no da leche. Lo que da es lastima
-          Cayese la geta, vieja pendeja...a lo mejor es mejor mujer que usted

 El día que Dolores de las cruces planifico  abandonar a su marido, guardo celosamente sus intenciones. La madrugada que sigilosamente en compañía de sus  hijos, que no son pocos, aprovechó una ausencia de su marido y de a postas, le prendió fuego al  cuchitril, en el que  convivió con su marido. La pena y la fatiga que les acarreo a los lugareños, al tratar de aplacar las llamas, le permitieron la huida por los improvisados caminos que le marcaron su faz con sendos pinchazos de moros silvestres. Las suspicacias de Dolores se mezclaron en su rostro, pues cada mañana se ungía de tizne, como para esconder su vergüenza, y adoptó la apariencia de un animal camuflado y montaraz. Los últimos días la  sumieron  en una actitud pusilánime y melancólica, no levanto la cabeza más nunca y encorvada no dejo rastro en los resecos caminos. Un arriero de mata mulas le comento, en la plaza mayor del pueblo, que trabajaba como  plañidera, mas halla del verde prolijo.  Bernardo de las Cruces, demudo su rostro y se le vio vivir con la alegría, de haber encontrado una botija llena de monedas de oro colonial. Llamó a su vaca con un silbido peculiar, muy parecido al del jilguero cuando es acechado. Se fabrico un rancho de madera de mulato y tapia con mezcla de barro y estiércol de ganado vacuno, le coloco de techo, tamo seco de  caña de azúcar, el zaguán quedo de frente del cambural, y  la hora del café lo compartía con su vaca en una totuma finamente trabajada. Antes de aperarla solía acariciarle suavemente   el anca, y le daba palmadas en el lomo. Este ritual molestó a los aldeanos sobremanera, y Bernardo entre cantos improvisados le colocaba el sudario hecho de costales, donde viene la harina del norte. La gualdrapa de color púrpura de origen arábigo, le costo muchos jornales, se la compro a un mercader santandereano. La silla de montar la cambio una mañana dominical, por una cerda después que la pondero como buena paridora y colocándola patas arriba contaba en voz alta los ocho pares de tetas, en el mercado campesino de ciudad pontalida.

 El día  que Bernardo de las Cruces amanso su vaca como si fuera bestia  de montar, y la atavió con correas, y cinchas de cuero curtidas de forma ancestral, y tejidas a mano, de inmediato se acrecentó el malestar de los aldeanos y pueblerinos. Se hizo común la penitencia impuesta por el cura Manzano, de rezar de rodillas sobre granos de maíz,  para expiar el pecado mortal, de desearle la muerte a un semejante, que cambio a su buena mujer y a sus hijos que no son pocos por una ambigua bestia roma.

 El cura Candido Manzano mando aperar su mula y montaña arriba le hizo una visita a Bernardo de las cruces y lo entero de los desnaturalizados comentarios.

-Ahora no le amanso ninguna bestia a más naiden. Dijo Bernardo
-No tomes esa actitud. Le aconsejo Candido Manzano

 La fama de Bernardo de las Cruces como domador de bestias; tanto para el trabajo, como para la montura, trascendió mas halla de las fronteras. Algunos comentan que los bueyes domados por Bernardo obedecen a silbidos sin necesidad de martirizarlos con los aguijones. El sacerdote Manzano decidió visitarlo constantemente y una tarde  después del rigor del saludo montañoso y andino, bebieron café, en el zaguán de su rancho.

 Manzano lo previno de los comentarios mas injustos divulgados por los aldeanos y pueblerinos. Bernardo se levanto molesto y con gestos burlescos, acariciando la empuñadura de su machete, asintió su reacción de ser necesaria.

-El que quiera probar el plin de mi machete en su pescueso, que desembuche. Replico molesto Bernardo.
-Nos es necesario evitar muertes. Le aconsejo el cura Manzano

 La mañana, que la vaca de las cruces chasqueo el hocico, y en el olor del viento, detecto a un mulo cercano, el dueño del mulo salio espantado y lo grito por todos los caminos, pues, el mulo al oler la vaca en celo empezó a relinchar. Desde ese día los aldeanos decidieron organizarse para darle muerte  a la vaca de las cruces. El origen de la vaca de las cruces, alienta  comentarios sobre la existencia o no  de las bestias romas, las cuales según dicen los antiguos, son nacidas del cruce de burro con vaca. Los aldeanos presas del pánico colectivo, intentan prevenir un cataclismo universal de diluvias proporciones, pues, el señor de las lluvias ahogo los mundos antiguos por engendrar de a postas híbridos de burro y vaca que sean buenos para el trabajo, la montura y que también den leche. El camino soleado se bifurca en el paso de la piedra de los indios. Bernardo de las Cruces tomo la decisión de seguir por el que da directo al pueblo, pues, se entero, del acecho que le tienen unos lugareños en el camino real. Hoy domingo el doblar de las campanas congregó a todos en la plaza principal y no a la misa matutina del sacerdote Manzano, este salio iracundo de la iglesia, y con aires de general en guerra arengando a sus tropas, pronuncio un discurso solemne, en el que enfatizo la necesidad de evitar derramamientos de sangre. Todos a una decidieron irrevocablemente darle muerte a la vaca de las cruces. Las mujeres de la legión de María camándula en mano, rezaban un rosario doloroso, y no glorioso como se estila los domingos. El sacerdote Candido  Manzano con movimientos circenses se desprendió la parafernalia litúrgica y en un grito desconsolado pidió misericordia y propuso que el horrendo animal fuese vendido al circo de los  gitanos de Chinacota que esporádicamente visitan al pueblo. La trifulca fue como una de esas batallas sin causa, el plin de los machetes fue antecedido por quien creyéndose libre de pecados, lanzó la primera piedra. Los heridos eran recogidos por las mujeres y amontonados debajo del sol inclemente. El cura Candido Manzano hecho mano de unas tiernas hojas de cayena, y apretándolas fuerte con sus manos, les extrajo  la sabia y ungió en la frente, a quienes les eran menester recibir  los santos oleos, sin tiempo de imposición de letanías indulgentes. Una lluvia súbita bajó de las montañas y el olor de la mortecina muerte tributo sus rojos en las grandes aguas. Muchas ánimas quedaron en pena, y su dolor puede percibirse en los melancólicos sermones del cura Candido Manzano. Es tan terca, el ánima de Bernardo de las cruces, que pena hasta la hora de la aurora, montada en su feísima vaca y ahora hasta se traspasa los muros, y relincha, en el cabo de años de los pobres difuntos... ¿de donde vienes paloma blanca y buena?...a sacar el alma de Bernardo y su vaca en pena...ahí van por estos caminos de Dios. Correteándose...no sin fatiga, a pesar del regreso de las lluvias tardías.

jueves, 20 de mayo de 2010

Los padres, primeros y principales educadores


Por Antonio Pérez Esclarín

Así se titula mi último libro (San Pablo, 2010) que salió publicado hace un par de meses. Escribí el libro, como digo en la presentación, con la intención de ayudar a los padres a que asuman en serio su papel de primeros y principales educadores de los hijos.

La experiencia me confirma que la familia es la escuela más importante (de valores o de antivalores) y que es muy poco lo que podemos hacer los educadores si no contamos con el apoyo y la alianza de los padres. De ahí la urgente necesidad de trabajar articulados y abordar juntos la tarea apasionante de educar a los hijos. Para ello, tenemos que hacer todos grandes esfuerzos por superar el actual desencuentro y estrechar lazos cada vez más firmes y sólidos entre familias y escuelas, maestros y padres.

Si los padres dan la vida, padres y educadores juntos debemos dar sentido a la vida. Esta es la principal tarea educativa de padres y maestros: enseñar a vivir plenamente, que es enseñar a convivir y es enseñar a vivir para los demás, es decir, enseñar a amar, enseñar a servir.

Nos dieron la vida, una vida maravillosa, pues todos somos únicos e irrepetibles, hechos a imagen y semejanza de Dios y queridos infinitamente por Él, creados, en consecuencia, para el amor y la felicidad. Pero no nos dieron la vida hecha. Los seres humanos somos los únicos que podemos elegir cómo ser. Nuestro porvenir es por-hacer.

Los animales, en cierto sentido, tienen su destino marcado en su código genético: un perro no puede plantearse cómo ser mejor perro, una abeja no puede decidir hacer la colmena de otra forma, ni una hormiga tiene libertad para trabajar o ser floja, para quedarse tranquila en el hormiguero, mientras las demás salen a buscar la comida. En cambio, los seres humanos somos libres para decidir lo que queremos ser.

Podemos hacer de la vida una rutina aburrida de días sin sentido, dejándonos vivir por la superficialidad y la vanidad, o hacer de ella una semilla de vida, una fuente de cariño y de paz.. Podemos elegir vivir amargados para amargar a los demás, o vivir felices para hacer felices a los demás. Podemos elegir ser portadores de violencia, destrucción y muerte, o ser constructores y dadores de vida.

Uno puede en su familia ser un tirano, un manipulador, un mandón, o un creador de alegría y cariño; puede ser distante con los vecinos o puede ser cercano y servicial; puede despreciar a los que son de otra raza, condición social o pensamiento político, o puede tratarlos con especial respeto y amabilidad. Puede, en definitiva, vivir su vida para defender la vida, para dar vida, o vivir para aportar destrucción y muerte.

Esta es la grandeza y el riesgo de la libertad humana: por eso, los seres humanos hemos sido capaces de inventar los aparatos de tortura, los campos de concentración, las armas de exterminio…, pero también hemos inventando las medicinas, los aparatos musicales, los poemas, los templos. En la historia han convivido y conviven los santos con los asesinos, los héroes con los villanos, los que utilizan su poder e inteligencia para servirse de ellos y aplastar o dominar a los demás y los que los utilizan para servir a los demás.

Hoy se ha puesto de moda la planificación estratégica. Empresas e instituciones de todo tipo exhiben su misión y su visión, y se esfuerzan por definir sus objetivos estratégicos y operativos. Pero muy pocas personas se plantean hacer la planificación estratégica de sí mismos, elaborar su proyecto de vida, determinar con claridad cuál es su misión y su visión, sus metas, sus valores no negociables, sus posibilidades, cualidades y defectos, a qué dedican sus esfuerzos y energías, qué quieren hacer con su vida, cómo se imaginan realizados y felices y qué van a hacer para ello.

Si educar es enseñar a vivir, a convivir y a dar vida, es evidente que esta debe ser la tarea esencial de los padres si en verdad quieren que sus hijos encuentren su plenitud y vivan felices. Sin embargo, hoy la mayoría de los padres han renunciado a su papel de primeros y principales educadores de sus hijos, y delegan en la escuela sus responsabilidades educativas. Tenemos así la terrible contradicción de padres que no saben cómo educar a uno, dos o tres hijos y esperan que un maestro eduque a cuarenta. Mi nuevo libro quiere ser un pequeño aporte para que los padres retomen su papel de educadores esenciales y lo vivan al lado de los educadores de sus hijos.

Profesor / Filósofo

viernes, 14 de mayo de 2010

Desarmar los corazones

Por Antonio Pérez Esclarín

La agresión es signo de debilidad moral e intelectual y la violencia es la más triste e inhumana ausencia de pensamiento. Los violentos son unos cobardes, incapaces de dominar sus propios impulsos.

La violencia deshumaniza al que la practica y desata una lógica de violencia siempre mayor. Quien insulta, hiere, ofende o mata, se degrada como persona y no puede contribuir a construir una sociedad más justa o más humana.

La violencia no queda erradicada por haber sido aplastada por una violencia mayor. La violencia sólo engendra nueva violencia y agresividad. Valiente no es el que ofende, golpea o domina a otro, sino el que es capaz de dominarse a sí mismo y responder al mal con bien, a la intolerancia con respeto, a la venganza con perdón, al odio con amor.

Sólo los que tienen el corazón en paz podrán ser sembradores de paz y contribuirán a gestar un mundo mejor en medio de tantas violencias, injusticias y problemas. La lucha por la paz y la justicia deben comenzar en el corazón de cada persona. Ser pacífico o constructor de paz no implica adoptar posturas pasivas, sino comprometerse y luchar por la verdad y la justicia, para que sea posible una Venezuela fraternal y un mundo donde empiece a germinar la civilización del amor.

Pero no seremos capaces de romper las cadenas externas de la injusticia, la violencia o la miseria, si no somos capaces de romper las cadenas internas del egoísmo, el odio, el consumismo…, que atenazan los corazones. No derrotaremos la corrupción y la injusticia con corazones apegados a la riqueza, el lujo y el tener; no estableceremos un mundo fraternal con corazones llenos de odio y de violencia. De ahí la urgente necesidad de que todos comencemos desarmando nuestro corazón.

Para desarmar los corazones es importante que aprendamos a resolver los conflictos mediante la negociación y el diálogo, de modo que todos salgamos beneficiados de él, tratando de convertir la agresividad en fuerza positiva, fuerza para la creación y la cooperación, y no para la destrucción.

La calidad de cualquier institución (familia, escuela, sociedad) no se determina por si tiene o no conflictos, sino por el modo en que los resuelve. Un conflicto de pareja, asumido con comprensión, puede robustecer el amor. Un conflicto en un salón de clases, donde el profesor se esfuerza no tanto por reprimirlo, sino por comprender lo que los alumnos tratan de manifestarle con su conducta, puede resultar una experiencia verdaderamente educativa para todos.

El aprendizaje de la negociación y de la convivencia supone aprender a escuchar, a dialogar, a argumentar, a decidir en grupo, a respetar las opiniones diversas y a buscar juntos la verdad.

Supone también aprender a tratar con cortesía, respeto y amabilidad; aprender a considerar los problemas como retos a resolver y no como ocasiones para culpar a otros; aprender a trabajar y a colaborar, es decir, a trabajar juntos, con responsabilidad y calidad, ya que el trabajo productivo es el único medio para garantizar a todos unas condiciones de vida digna (vivienda, alimentación, salud, educación, trabajo, recreación…), como exigencias esenciales para la convivencia pacífica. La paz verdadera se afinca sobre las bases de la justicia, la inclusión y la equidad.

La defensa de los derechos humanos se convierte en el deber de cada uno para hacerlos posibles y reales para todos. La retórica de los derechos debe ser superada con políticas eficaces para que pasen a hechos.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Pequeña amenaza


Por Ángel Alberto Morillo


Ella es un terror con sus dientes
Me devora todo
Tiene a los lápices
Asustados
Las gomas de borrar piden auxilio…
Sus molares pequeñitos
Son un azote, una tortura
Adiós muñecas
Muerte al foami
¡goma espuma temblad!


Apunta,
Esa sonrisita atrevida amenaza
Con sus armas blancas
De destrucción lúdica
Que forajidas asaltan la caja de juguetes
¡Son de leche!
¡Son de leche!
Pero parecen de mamut
De un marfil arcaico
A pesar de la cortedad de su estreno.



Los dedos con que capitulo este decreto
Fueron víctimas también
Un rosario de beso quedó
Tatuado en mi mano.


Esa bebé y sus dientes
Muerden mi alma
Y dejan sus huellas
Vamos,
Amenaza con sonreir
Mátame
Tus colmillitos chiquitos
Lo valen
Sangra mi corazón mordido
Entre juguetes
Caídos en batalla.



El ratón Pérez me reclamó
Asustado y conmovido
Muy enojado
Juró no traerte más
Ni siquiera un molar
En cambio el odontólogo sonríe
Te felicita
Y con su fluor limpia la pólvora
Te regala cartuchitos
Me dice:
“Déjala, esos dientes se caerán”.
“Ojalá- dije yo- nunca caiga su sonrisa”.

sábado, 8 de mayo de 2010

Madre

Madre



Madre,
no es una palabra
que se evoca
sin consecuencias.

No es un simple nombre,
que se pierde en el vacío.

Cuando decimos madre,
es como si invocáramos
al amor a través
de una palabra mágica.
Como si miráramos a Dios
en los sentimientos de ellas.

Decir madre es como decir luz
que ilumina todo;
es como decir
agua fresca
que calma nuestra sed.

Es mirar al cielo,
y ver en un solo día
al sol, la luna y las estrellas.

No se puede decir madre,
sin poner en esas dos silabas
todo el amor contenido
en nuestros corazones.

Cuando decimos mamá,
evocamos a los ojos
que se iluminan
con alegría.
los ojos que lloran
en nuestro dolor.

Decir madre es recordar
la boca de palabras firmes
y sinceras,
los besos prodigiosos.

Madre es una vida dada
con generosidad.
Madre no es amor de un solo día.

Es amor a torrentes
se desborda inundando
nuestras vidas.

No es amor de un día
es amor de todo momento,
de todas las horas,
de cada segundo.

No es amor con límite.
Madre es oración,
es caricia.

Madre es maestra,
compañera,
Amiga.

Madre no es un concepto,
es una realidad de amor.

Por Obed Juan Vizcaíno Najera.